miércoles, 28 de agosto de 2019

Yo

Andaba ciego por la borrachera, eran las siete de la mañana y nadie caminaba conmigo ni en la calle, toda avenida entera para el amo, el señor, el grande de Capital, es decir, yo. Había dejado a mis amigos uno por uno en sus casas por el camino, tan solo faltaba que llegue el buen borrachín de turno. Ya quedaban diez cuadras, momento de un cigarrillo “Que bonita forma de matarme” pensé, es curioso como nuestros padres crecieron en una cultura en la que fumar estaba idealizado y por comprarte un Marlboro de veinte cigarrillos rubios eras el galán del lugar, con esa pestilencia que trae el tabaco, los dientes amarillos y cariados que deberían venir con fecha de vencimiento y el aliento a viejo comemierda que es propia del fumador. Y nosotros, que crecimos con la contraparte, la concientización, el “rescate” nos chupa un real huevo, nos fumamos dos atados al hilo y adoramos a nuestro palo de cáncer, lo veneramos, le haríamos altares.
Este pensamiento me tomó una cuadra y tres cuartos del puro, que sofisticado y tan bien diagramado producto es. 
En la calle número nueve de diez me entraron las ganas de una mujer, ¿Cuál quiero hoy? No soy un loco hermoso, pero tengo mis cosas, soy muy inteligente, escribo algo, creo que mi sexo está relativamente bien y si tuviese que calificarlo sería un ocho, soy bienintencionado en gran parte de mis actos, soy sincero. Mi gran amigo murió en el piso. Quizá tengo un solo problema, soy algo infiel, las mujeres son como el alcohol, hay días que quieres una, otros dos, alguna mañana te levantaste y viste ocho mujeres en la pantalla partida de tu celular y te diste asco de lo mujeriego, necesitado e innecesario que se siente hablar con tal cantidad de chicas al mismo tiempo ¿Porque necesitaría tanta atención? De esas ocho, dos tienen novio, otras tres no les importa mi vida, solo me juzgan por mi apariencia, y las restantes les importo en mayor o menor grado. Con las que se preocupan por mi alcanzan, y esto es sin estar en una relación comprometida, es decir, si una persona sola te gusta y le gustas y te interiorizas en sus emociones y viceversa, es suficiente. Supongo que yo y los hombres en general somos demasiado pretenciosos. 
Resté doscientos metros y seguí en mi caminata solitaria entre mi cerebro y yo.
“Los hombres somos unos giles” dije, odiaría que la persona que amo esté con otro, pero la reflexión que transita los cables neuronales que van hacia la lengua cuando me preguntan que le respondería a mi pareja si me ve engañándola es tan hueca y primitiva que me da hasta un poco de vergüenza enunciarla en este texto. Literalmente ante esta pregunta he contestado “Me chupa la pija lo que hago yo, hago lo que quiero, y cuando quiero” Tan poco interesado en el otro, tan egoísta y poco sensible, tan opuesto a como me siento yo realmente. Una mínima conclusión: me contradigo a cada paso que doy, estoy aprendiendo, pero eso no salva que mis actos tengan consecuencia.
Llegué a la mitad de mi camino y fui al kiosco que se encuentra en la esquina tantas veces concurrida por mí y mis amistades. Cerrado, todavía no divisé un alma en todo mi trayecto, creo me estoy volviendo loco.
Poca relevancia le di porque cada vez faltaba menos para pasar por mi casa y culminar este viaje en el lugar más hermoso, cómodo, reconfortante y amigable del mundo: mi cama.
Cuatrocientos cincuenta metros me separaban de la felicidad máxima, el sueño tan ansiado estaba por llegar. Pasó cómo una gacela rápida y fugaz la idea de una crisis existencial, siento no tener nada, que poco importa todo esto que estoy viviendo si en algún momento voy a morir y tarde o temprano cada uno de los lugares que haya caminado serán transformados, mis reflexiones serán olvidadas o superadas por alguien más, todo lo que yo haya amado pasará el mismo proceso y será siempre así hasta el final de todos los putos tiempos. Ansiedad, miedo, terror, todo se fue turnando para ocupar mi cuerpo y mente torturándome a pasar los minutos más angustiantes de mi ruta hacia el olvido total.  Si algo aprendí de estas situaciones es que hay una sola frase que te rescata de este sentimiento. Lo repetí adentro mío y sentí un momentáneo alivio. “Solo se vive una vez, así que hace algo con tu única vida”
Debo haberla pasado muy mal porque estaba en la última parte del trayecto, solo 328 pasos me separaban de la calma, el tiempo pasa volando cuando uno se siente adrenalínicosupuse. 
Lentamente reste uno por uno los pies delante del otro: “Trescientos veintisiete, trescientos veintiséis, trescientos veinticinco...” hasta que llegue al número veinte. Dos puertas me separaban de mi casa, y seguía algo borracho. Necesitaba un último cigarrillo, abrí el atado y noté que de dentro salía un hedor fuerte, tabaco mezclado con ceniza. Una tuca, una maldita tuca había estado ahí mientras yo paranoiqueabacomo el mejor y tenía pensamientos que poco productivo era tener. La saqué, la puse en mi boca, acerqué el encendedor, y tan solo dejé que la magia ocurriera. El humo me revivió la alegría, una sonrisa se me pintó en la cara y ya podía terminar bien mi noche/trasnoche/dia. Abrí la primera puerta despacio, para que ni los perros ni mi familia despertase, la cerré, proseguí con la siguiente. Uf. Se había terminado, podía ser yo, drogado y angustiado, triste y melancólico, pero yo al final. 
Saludé a mis hermosos perros que amanecieron tan solo para saludarme “Animales más nobles y fieles no han sido jamás creados por el hombre” dije en voz baja mientras los acariciaba con mucho amor de drogado, cariño torpe y pronunciado, pero sincero y real. Los recosté en sus colchonetas y seguí, hacia el pasillo, derecha, cuarto de mi mamá, tan hermosa y trabajadora, todo por mi haría y viceversa. Un beso mientras duerme, no quiero despertarla, antes de pasar a mi cuarto, la veo a ella, mi hermana, joven y brillante, con el pelo rojo y llamativo. La mujer más linda de todas para mí, después de mi amor y mi Mamá. Mi cuarto, mi hermanito, alto, hasta más alto que yo, mas inteligente que yo, mas fuerte que yo, una buena persona de verdad.
Decidí que era momento de dormir, me desnudé dejando solo mi ropa interior y acomodando lo que había usado en mi silla y me acosté. Quizá yo sea un desastre, pero todo está bien. Y pacientemente me quede dormido con una muequita que hacia un pequeño hoyuelo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario