Siempre la visitaba cuando estaba sola, decidió conocerla cuando era tan solo un bebé y desarrollo por ella un cariño que por ningún ser humano había logrado sentir. Había conocido a muchísimos, amargados, brillantes, únicos y algunos inigualables. A otros el mismo les había concedido no solo el placer de una visita consciente sino también talento. Ella era distinta en sus ojos, tan solo con compartir tiempo en una tarde el se contentaba, viéndola jugar con sus muñecas, preguntándole por su día mientras ella tejía o acompañándola dentro de sus pensamientos mientras recorría el camino de un kilómetro y medio de su casa hasta el colegio que hacía todos los días de lunes a viernes a pie. Él la quería tanto que como era con los demás no era compatible a su relación con ella, de hermanos, quizá tío o padre con una hija.
La niña no tenia total noción de quien era, entendió que los amigos no lo conocían, sus padres creían que hablaba de un amigo imaginario que ella llamaba Añanga, que la ayudaba con todo, desde sus tareas, actividades con amigos y tejer. Tampoco nunca había pasado nada con la pequeña como para que se sembrasen dudas de con quien pasaba sus días, ella estudiaba, tenía algunos amigos y amaba a su familia.
Tan solo una de otras tardes Añanga se le apareció a Ella mientras jugaba, en su cara vio enojo y frustración
-Marina, qué pasa?- pregunto Añanga triste.
-Hoy fue un día malo Añanga.-dijo ella triste y como ofuscada
-Porqué?.-retrucó él
-Hoy mientras tejía en un recreo unos niños me rompieron mi bolso con unos regalos que estaba haciendo para vos
Añanga sintió dos cosas muy fuertes, mucho amor, nunca nadie en mucho tiempo le había siquiera regalado algo, se sintió orgulloso de sí mismo por mejorar y el cariño más sincero que se le desea a alguien y a uno mismo lo invadió. Después una mezcla entre temblidos, miedo y angustia se apoderó de él.
-Está bien Marina, no pasa nada te ayudaré a tejer otro.- Le dijo fingiendo no tener miedo de una respuesta
-Añanga.- dijo ella preparada para pedir algo
-Qué?.- respondió él, su temor se estaba por hacer real
-Quiero ser la mejor tejedora del mundo, ayúdame y te haré los tejidos más lindos que alguna persona haya visto.- se pronuncio emocionada y con ganas de aprender
Añanga se desplomó por dentro, se le había roto el corazón, si es que tenia, se le revolvió el estómago como si tuviese un lavarropas dentro de él, un lavarropas de miedo, angustia, dolor, decepción y tristeza. Marina era otra humana más, con las aspiraciones que tienen todos los humanos, ser mejores, los mejores, en lo que sea que les guste. Él sabía cual era su deber, darle a Marina lo que quería, un último vestigio de humanidad se había perdido dentro del Diablo, y fue encontrado por Marina. Sintió que Marina había destrozado su alma finalmente y era liberado. La analizó por última vez, su tiempo con ella estaría llegando a un fin, todos quieren al diablo para que les de algo y Marina ya sabía lo que buscaba.
Por primera vez le analizo de pies a cabeza, tenia el pelo negro y corto que parecía un Niño, unos ojos un tanto rasgados, una nariz pequeña y labios finos, la tez morena, brazos y piernas flaquitos y demasiada ambición para una joven de 13.
“Ser la mejor tejedora que exista alguna vez” dijo el Diablo para sus adentros. Ya había comenzado a meditar un castigo ocurrente para semejante petición al señor del inframundo.
Para la siguiente mañana, y antes de que los padres de Marina despertaran, la visitó.
Mientras dormía agarro un hilo y la aguja y la acercó lentamente a la cara de ella, aunque estaba invadido por la ira, no pretendía hacerla doler.
Enhebró el hilo y comenzó, dio la primer puntada al párpado y el fino hilo transparente fue recubierto de una fina capa de sangre, dio la segunda y salió más todavía, dio la tercera y escuchó un grito tan ensordecedor que cualquiera a varias cuadras podría haberlo escuchado, pero nadie lo escucho, obra del diablo mismo.
Paro y la miro mientras lloraba lágrimas ensangrentadas
-Te daré lo que pediste, serás la mejor de todas las enhebradoras de hilos que hayan existido, tus diseños serán amados en todas las ciudades cosmopolitas, las mujeres se apilarán en largas hileras para conseguir una simple prenda, escucharás hablar maravillas de tus obras y quizá hasta te reconozcan mundialmente. Pero nunca sabrás qué haces, nunca podrás ver tus obras, nunca te permitiré que en vida se vea por completo lo que lograste y todo será tu propia culpa, por egocéntrica, por no respetar el proceso, por haber hablado conmigo.
Ella ni respondió, ya era tarde, el ojo derecho sangraba a más no poder y ya se encontraba cerrado por toda la eternidad, estaba sellado, ella sería la mejor de todas tarde o temprano y otra vez él había hecho su trabajo. Empezó por el segundo ojo, esta vez supo que quería recuperar su esencia por permitirse ser vulnerado, por no ser lucifer, por no haber estado por encima de la situación, por llorar por alguien que era otra persona más de las millones que había podido escuchar y ver.
Apuñalo el ojo izquierdo y la joven Marina lloro, apuñalo de nuevo el ojo con la aguja, dos chorros de sangre como si de una filtración se tratase comenzaron a salir de sus globos oculares, así estuvo unos minutos más. Destrozó esa bolita mágica que usaba para percibir cosas, tan solo parecía un pedacito de molleja, crudo, ensangrentado, destrozado, ensuciándose en el piso.
Por un momento se detestó mientras salía del cuarto y la oía llorar desconsolada, pero esa sensación desapareció rápidamente. Entre sombras y humo volvió a su trono de huesos, espadas y pistolas, se sentó y dijo en voz alta. “Otra vez he cumplido, estoy condenado a una vida de dolor, arranco almas por favores y despojo a todos de sus vidas por un poco de fama, dinero, mujeres. Y yo, que todo eso y más tengo, igual soy afectado por una niña, de cualquier manera no soy feliz, y nada me satisface.” Entrecerró los ojos y vio a su maestro, supo que había comprendido lo que por miles de años había evitado, quien por tantos años había sido alejado de él le puso la mano en la cabeza suavemente y susurró algunas palabras que dibujaron una hermosa sonrisa en su cara. Había sido liberado, comprendió lo que era el cariño nuevamente, y sufrir por cariño y amor. Era el fin, esa era su lección, había terminado la tarea del diablo y se sumió lentamente en el último sueño en el trono, su larguísima guardia había culminado.
Marina amaneció sin entender que había pasado pero sentía que no podía salir de su sueño a pesar de que se movía, gritaba por sus padres pero nadie respondía, salió de la cama, y adivinando a cada paso, encontró su silla, movió lentamente sus manos por su pequeña mesa, agarro su aguja, el hilo y comenzó a tejer.
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