Parado estaba ante el pasillo más tétrico que alguna vez había divisado, el primer marco en forma de puerta aún no logré atravesar pero la sensación de no retorno, de terror, miedo, angustia y ganas de llorar inundó todos mis pensamientos. Sin embargo, por la inercia misma de todo lo mencionado previamente y mi curiosidad, mis pies avanzaron temblorosos dando pasos suaves, uno delante del otro y dejé de mirar el marco, a punto de ser superado, para concentrarme en el pasillo, ocho puertas, cuatro a la izquierda, cuatro a la derecha, con las maderas añejadas y podridas, observé el techo del corredor, goteaba a la altura del segundo par de puertas y detrás de estas, una camilla llena de insumos hospitalarios cuyo uso desconocía, los ojeé muy rápidamente y así también pasé de ellos, nada que me sirviese en este instante. "Agua" pensaba para mis adentros, me estaba deshidratando, sudaba como animal en verano, se marcaban mis venas de mis esqueléticos brazos y mi garganta cada vez se notaba más y más reseca. A todo esto no había terminado de caminar ese horrible pasillo, y me di cuenta de que al final de este tenía que seguir hacia la derecha, a quién sabe donde. Atravesé el ultimo par de puertas y lentamente, anonadado por el horror que podía seguir, me pegué a la pared y torcí lentamente mi cuello hacia el siguiente corredor.
Ahí estaba ella, su pelo negro y largo hasta la altura de sus codos, con el vestido blanco que había visto en mis sueños tantas veces, sus uñas largas y descuidadas con mugre cubriéndolas. Y luego la miré a la cara, tan raquítica se veía, con los pómulos chupados y su mandíbula marcada, con los dientes amarillos y avejentados y con una sonrisa de par a par, acaso la más siniestra y macabra que un par de ojos alguna vez pudo ver. Su nariz, respingada y elegante. Pero sus ojos, sus ojos eran blancos, nada de vida quedaba en ellos, se la habían arrancado como yo le había arrancado su privacidad desde la primera vez que le hablé, que la seguí, que la busqué. Ella se percató de que estaba ahí, y me dijo con la voz mas linda que mis oídos captaron: "Ya sé que estás mirándome, acércate, acércate y toca mis rostro, besa mis labios, solo así podrás ver quien yo soy realmente"
Me quedé petrificado, y empecé a llorar como un niño mientras me pedía que baje la voz, que nada iba a pasar, que tan solo quería un poco de compañía y muchos años en soledad la volvieron un cadáver en vida. Luego susurró en voz muy baja algo que sacó toda la voluntad de movimiento autónomo de mi cuerpo y sentí como mis pies hacían un paso detrás de otro completamente mecanizados y torpes, y nada podía hacer al respecto más que observar.
Ella estaba al final del nuevo pasillo, igual al anterior, ocho puertas, cuatro izquierda, cuatro derecha, camilla sobre el segundo par. A medida que me acercaba su rostro cambiaba, sus mejillas ganaron algo de carne y color, sus dientes se tornaron grisáceos, como los de una persona normal, sus piernas y cuerpo raquítico adquirieron forma y sus labios dejaron ese color muerte por uno bien carnoso y llamativo, sus ojos se volvieron avellana y el pelo no parecía mas avejentado y mugriento. Era hermosa, y yo estaba tan aterrado antes, que humillación sentiría si no hubiese visto todo lo anterior.
Me puso delante de ella y me perdí en sus ojos, vi mi completa vida, mis padres, mis hermanos, mis mascotas, el trabajo, los compañeros, mis amigos, amores pasados, y mi futuro, mis futuros hijos, mi casa, el día que me recibí de la universidad. Lo vi todo. Lo que habría tenido si no hubiese seguido esa señora flaca y fantasmagórica que corrió entre los pastizales mientras volvía a casa de estudiar en lo de mi amigo. Por curioso, perdí todo.
La miré de nuevo, y me hablo en francés que apenas llegué a comprender: "Laissez tomber les filles, un jour c'est toi qu'on laissera".
Y la besé, tan hermosa como la veía, me endulzó con sus palabras suavemente habladas y pronunciadas de forma tan elegante que no lo pude resistir, mientras la besaba, abrí los ojos. Esa señora raquítica había vuelto, mirándome fijamente con ojos increíblemente saltones y sin vida, vi como sus globos oculares se desorbitaban y sangraba por sus cuencas, vi el hilo que se desprendía de ambos y como caían, rebotaban sobre mis mejillas, aterrizaban en el sucio suelo, y ella misma los pisaba como si de un insecto se tratase. Vi como se contraía su cara y era carne podrida, con gusanos, pus, hueso y úlceras, sentí como sus dientes se volvían pequeñas sierras y me trituraban la lengua con suma violencia, mientras sollozaba ayuda, perdiendo a la par de mi lengua, la capacidad del habla. Me destrozo con sus dientes la boca, tan solo caía sangre y con mis encías expuestas empezó a lamer las lagrimas que caían de mis ojos producto de la tortura.
"Gracias" Tan solo me dijo, y recuperó su cabello, sus piernas, su color y olor, sus labios y todo con lo que me había persuadido. Ella se fue, y yo me desvanecí en el piso, mi boca reseca, mi dentadura destrozada, mis venas expuestas, mis piernas temblorosas, lentamente me fui durmiendo, para nunca más despertar. Había besado yo a la misma hija del Diablo.